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El día de Pascua Pepito plorava perque el catxirulo no li s'empinava, la tarara sí, la tarara no, la tarara mare que la balle jo!!!
Y con esta canción hemos crecido, volando el día de Pascua las cometas en la playa, tomando nuestros primeros baños de sol, a ver quien se ponía morena más pronto, mientras nuestras madres preparaban la paella.
Temprano nos habíamos levantado para ir al Santo Encuentro, procesión en la que la Virgen se encuentra con su hijo Jesús, resucitado. Las chicas por una calle con la Virgen, los chicos por otra con Jesús. Y al encuentro, se saludan tres veces agachándose y entonces empiezan las escopetas a disparar al cielo mientras se sueltan palomas que anuncian la Paz.
Y siempre recuerdo cómo teñía los huevos de amarillo, al ponerlos a hervir añadía azafrán y mercromina para colorearlos de rojo. Las madres nos compraban las zapatillas de Pascua y el capacito para la mona y paseando nos íbamos a la playa.
Celebrábamos tres días y comprábamos tres monas, una para cada día. Pero sólo había horno el primer día, con lo cual la merienda del último día estaba ya un poco dura.
Recuerdo a mi vecina Encarnación, que con un montón de años hacía un panquemado (mona) con pasas y nueces que estaba buenísimo aunque era incapaz de darte las cantidades que empleaba para hacerlo. Mi madre, a pesar de ser una experta pastelera, nunca ha intentado hacerlo por miedo a que no le subiera la masa.
Cuando hemos tenido hijos ha sido prácticamente igual pero con la abundancia que traen nuestros tiempos. Los huevos cambiaron a ser de chocolate. Las monas siguen siendo las mismas, en unos lugares mejor que en otros, todavía compramos capacitos y zapatillas a nuestros peques y no tan peques, y hemos intentado mantener la tradición a pesar de las invasiones.
Fieles a nuestra pastelería preferida La Rosa de Jericó hacemos todos los años la visita para comprar a nuestros seres queridos el huevo de chocolate. Este año compramos para cada niña un capacito lleno de huevos y para nuestro peque Victor de 2 años que es nuestra locura, un avión que le llevaremos mañana. La sorpresa me la llevé cuando de repente salió la mujer del dueño, Mónica, fiel a mi blog anterior, me felicitó, hablamos de la enfermedad, de la vida, un poco de todo en breves momentos, y nos regaló un pato precioso con una cesta llena de huevos y un panquemado. Fue un momento entrañable, en el que me di cuenta de que sólo existe el momento, el pasado ya es historia y el futuro no sabemos qué nos traerá. Ella hizo referencia a mis ojos pero no se si sabe que de los suyos emana toda la ilusión, fantasía y magia que de dentro sale en forma de chocolate para los niños: payasos, gallinas, motos, barcos, aviones, casitas, castillos, conejos, pingüinos, de todo.
Desde aquí os deseo a tod@s una Feliz Pascua. Disfrutad de vuestros recuerdos, de las meriendas primaverales que por estar siendo frescas  no pierden ese toque que les da el mes de Abril.

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