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Este es el granizado de limón que nos hace mi suegra todas las semanas. Nos cunde tanto que no estaría mal montar un grifo del que saliera esta medicina para el calor. Al loro porque no es nada convencional, me lo explicó cien veces y hasta que no lo apunté no hubo manera de recordarlo y es que a mí el ojímetro no me va nada.
Rallamos 4 limones y lo ponemos a remojo en 1/2 litro de agua durante una hora. Colamos y nos quedamos con el agua.
Exprimimos 4 limones y dos naranjas y reservamos.
Ponemos de 300 a 400 gr (según os guste) de azúcar a remojo en 1/2 litro de agua. Aquí añadimos el agua que habíamos colado y por ultimo vertemos el jugo del limón y la naranja exprimidos.
Ponemos en el congelador.
Ya me contáis.

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Aquí os traigo la primera labor después de tropecientos años en los que no había cogido una aguja que no fuera para coser las cintas a las zapatillas de ballet de las niñas. Empecé por algo sencillo, una tapa para un bote de mermelada. Había comprado la tela hacía mucho con la intención de hacer algo pero no llegaba el momento. También compré unos paños de cocina pero al sentirme tan poco capaz de volver a coger la aguja, se los envié a Agus del blog Un mar de sueños para que me los bordara cuando pudiera e intercambiar así un regalo por otro como solemos hacer en este planeta bloguero.
Al fin me puse, bordé la cenefa y el nombre de Helena, después para debajo no encontraba nada que me coincidiera con los hilos porque el rojo se me había terminado y pensaba hacerlo con la reserva de hilos que había tenido en barrica de roble durante muchos años. Tenía que ser algo verde o negro y busca que busca, la correcaminos de Maricruz del blog La Tierruca me envió la plantilla de este bote de mermelada. Me gustó. Pongo uno o dos? Y ella de guardia. Esa noche lo iba a terminar, puse dos y al día siguiente me contestó: a mí me gustan los impares. Pues sí que la hemos liado pero esto se queda con dos botes. Cambié las letras y así quedó. Luego vino el remate, ay Dios!!! Se me ocurrió comprar para más requetebienrematado el biés doble, sí, sí, ese que primero lo coses, luego le das la vuelta y no se ve lo que has cosido y luego te vas detrás para terminarlo. Hasta ahí perfecto peroooooooo, y las esquinas? Eso no lo había hecho yo en la vida, no sabía dónde meter la tela. Total, se lo enseñé a una vecina de mi suegra que hace bolillos y sabe coser, me dijo que lo descosiera y que comprara más biés que ella me lo haría. Así que desde aquí muchísimas gracias a Suni por su amabilidad ya que sin ella aún estaría la labor por terminar. Ahora tengo entre manos un paño de cocina que ya os enseñaré cuando esté terminado.
Están las niñas encargándose cosas con las revistas como si yo fuese una maquinita.

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